jueves, 7 de marzo de 2013

Natalie Portman madura a los golpes

"The other woman"
no estrenada en los cines, circula como "La otra mujer" o bien "El amor y otras cosas imposibles"
de Don Roos
con Natalie Portman, Scott Cohen, Lauren Ambrose y Lisa Kudrow

Don Roos debutó en el cine con la super independiente "The Opposite of Sex"/"Lo opuesto del sexo" donde ya tocaba temas de avanzada para la epoca, con figuras que se convirtieron en íconos del cine independiente como Martin Donovan, Christina Ricci, Lyle Lovett y Lisa Kudrow.
Despues de otros intentos de comedia romántica como "Bounce" con la pareja Gwyneth Paltrow - Ben Affleck, retoma la dirección con este melodrama basado en la novela de Ayelet Waldman, 'Love and Other Impossible Pursuits'.

La ganadora del Oscar por "Cisne Negro", Natalie Portman se calza otro interesante protagónico en la piel de Emilia, una licenciada en derecho por la Universidad de Harvard.
Ella es exitosa en su carrera y fue ascendiendo posiciones en el estudio de abogados donde trabajaba. Para colmar todos sus proyectos, también se acaba de casar con Jack (Scott Cohen), un importante abogado neoyorquino que era su jefe (y que estaba casado) cuando ella empezó a trabajar en su bufete.

Desgraciadamente, la vida de Emilia da un vuelco inesperado cuando Jack y ella pierden a su hija recién nacida.
Roos no solamente se mete de lleno en un tema super espinoso como la pérdida de un hijo sino que también intenta ensayar diversas subtramas como la culpa que siente la madre por no haber cuidado lo suficiente a su bebé, el resquebrajamiento lógico (?) que hay en la pareja a partir de esta pérdida y también bucea lo más profundo que puede en el vínculo que entabla Emilia con la segunda pareja respecto de los hijos que {el ha tenido en su primer matrimonio. Sobre todo, subsistiendo aún una relación dificil entre su marido y su  ex-mujer (Lisa Kudrow).
Temas todos conocidos, que se ven en forma cotidiana y que el guión trata de una forma natural y es quizás uno de los mayores atractivos de la película.

Con un formato que remite quizás demasiado a un esquema de  telefilm, obviamente gana con creces en el terreno de las actuaciones porque no solamente Natalie Portman brinda un trabajo lleno de matices, sin exageraciones y con mucha ambivalencia - sobre todo en los intentos por lograr vincularse con la hija de su actual marido y con su ex-mujer - y una participación de Lisa Kudrow como la ex-mujer de Jack, destilando veneno y ubicada en un papel que se encuentra casi en las antípodas de los que ella suele desarrollar en diferentes comedias y con el particular estilo con el que suele dotar a sus personajes.



Con un guión que intenta (a veces con suerte, a veces no tanto) eludir algunos esquemas y lugares comunes del género y con una dirección de actores que logra sacar lo mejor de cada uno, "The other woman" es una buena alternativa para encontrar esta pequeña película que no ha tenido difusión en los cines y se encuentra directamente en DVD.

domingo, 24 de febrero de 2013

Un reino digno de Wes Anderson

"Un reino bajo la luna" ("Moonrise Kingdom")
de Wes Anderson
con Jared Gilman, Kara Hayward, Edward Norton, Bruce Willis, Bill Murray, Frances McDormand, Tilda Swinton y  Jason Schvartzman


Hace unos cuantos años, allá por el primer BAFICI, se incluía dentro de la programación un gran pequeño film de Wes Anderson, era "Rushmore - Tres son multitud" y desde ese momento, creo que no hay otra alternativa posible, que seguir paso a paso su carrera -que aún con altibajos-, de una calidad singular.

A "Rushmore" le siguió el impresionante éxito de "Los excéntricos Tenenbaums" donde aparece manejando un reparto de primeras figuras. Obviamente entre los protagónicos está su actor fetiche Bill Murray y dentro de la disfuncional familia aparecían Anjelica Huston, Gene Hackman, Danny Glover, Gwyneth Paltrow, Owen Wilson, Ben Stiller... un reparto excepcional para una pintura de una familia con niños prodigios, enfemedades terminales, abandonos, encrucijadas emocionales y mucha pero mucha patología tratada con la más fina ironía y un humor extremadamente particular que se hizo como una marca personal del cine de Wes Anderson.

En el mismo sentido, aunque quízás no con la contundencia de los resultados, sus dos trabajos posteriores también ayudaron a construir un estilo típicamente "Andersoniano" tanto en el tratamiento visual de sus historias como en la estructura y construcción de su guión y las historias de sus personajes. Asi fue en "Vida acuática" y "Viaje a Darjeeling" y posteriormente incursionó en el terreno de la animación, aceptando nuevos desafíos y pintando una hermosa fábula como "El Fantástico Mr. Fox", lamentablemente,  no estrenada en nuestro pais con las voces de Meryl Streep y George Clooney.

Ahora es entonces la oportunidad de reencontrarnos con el mejor Wes Anderson en "Un reino bajo la luna", una historia ambientada en mitad de los sesenta y  nuevamente con una familia disfuncional en el centro de la historia.
Ya desde la escena inicial, donde presenta a cada uno de integrantes, con una impronta de casa de muñecas para cada una de las habitaciones,  es casi imposible no caer rendido a los poderes de Anderson como narrador y como cineasta.

Allí está la hija mayor de un matrimonio de abogados, Suzy (Kara Hayward) quien recientemente ha tenido un amor a primera vista con Sam (Jared Gilman), un niño tan inteligente como excluido socialmente. Una especie de flechazo inmediato e intelectual entre dos "freaks".
Podríamos llamarlos así a los dos adolescentes inmersos en el universo de Anderson?. Siendo "freaks" a lo Anderson, son absolutamente queribles y entrañables, completamente incomprendidos dentro de un universo donde no logran encajar y encontrar su lugar.
Con el frenético estilo de Anderson y mediante una historia epistolar fragmentada, iremos siguiendo las desventuras de estos adolescentes enamorados, hasta llegar a su programada fuga y su encuentro furtivo.

Ella escapará de su casa y él, renunciará a su campamento scout para encontrarse en un inhóspito lugar de la isla donde viven, para correr juntos los riesgos de una nueva aventura y de vivir el amor que sienten con sus doce años.

Dentro de la trama, desfilará una galeria de personajes secundarios, impecablemente elaborados por un elenco que no tiene absolutamente ninguna fisura y se muestra absolutamente homogéneo y todos en la misma sintonía.
Tanto el líder del campamento scout  que deberá encontrar a su scout prófugo en el medio de una manada inmanejable de criaturas (Edward Norton), el jefe de policía más incompetente que pueda imaginarse (Bruce Willis) quien a su vez no es ajeno a la historia de la familia de Suzy, una trabajadora de los servicios sociales que sale a la búsqueda de Sam (absolutamente desopilante el rol de Tilda Swanton) y los padres de Suzy (Frances Mc Dormand y Bill Murray) forman parte de un universo de adultos que el guión del mismo Wes Anderson sabe dibujar, bordeando los límites de lo patético, lo risueño, el delirio y la inmadurez. 
Es notable como todo ese universo adulto, como un revés de la trama, gira en torno a los dos adolescentes en fuga. Ellos parecieran tener mucho más claro lo que quieren y lo que sienten, incluso claramente pueden decirlo y actuar en consecuencia y allí es donde gana el humor sutil y la parodia autoreferencial en un "reino del revés" en donde los adultos se muestran aniñados y los niños como verdaderos adultos.

Nuevamente con un gran elenco a la cabeza, como en todas sus producciones, Anderson guía firmemente a sus personajes en un guión que tal como los prófugos adolescentes, sabe perfectamente lo que quiere y dónde quiere llegar y cómo quiere mostrarlo.
Sorprende nuevamente en un estética particular, retro, "sesentosa", dulcemente naïf, una banda de sonido especial y un guión colmado de delirio no sólo en sus diálogos sino también en las situaciones absolutamente alocadas que propone. Desde cada uno de los lugares posibles, acertar en poder demoler cada uno de los estereotipos que construye, pero sin hacerlo de una forma impiadosa, sino poniendo una mirada de ternura para cada una de sus criaturas.


Más allá de las magníficas actuaciones de las estrellas que Wes Anderson convoca esta vez (sumando además de los ya nombrados a Jason Schwartzman y Harvey Keitel en pequeñas pero jugosas apariciones) y contando con  Bob Balaban como el narrador que va sumando elementos al relato, los verdaderos protagonistas de la historia son Kara Hayward y Jared Gilman, absolutamente perfectos como Suzy y Sam, transmitiendo la inocencia, la convicción y el enamoramiento típico de la plena adolescencia.
Las escenas de Suzy leyendo (con unos diseños de arte en las cubiertas de los libros realmente bellísimas, cuyos artistas aparecen en los créditos finales) y la de los primeros encuentros íntimos están narradas con una sensibilidad y una candidez particularmente conmovedora.

Técnicamente impecables, creativa hasta en las escenas de los créditos iniciales y finales, es una historia absolutamente disfrutable de principio a fin, llena de magia, con un sentido del humor finísimo y exquisito y con una mirada tierna y mordaz a todo el micromundo que Anderson construye.

Y es una pena que una película tan original, tan bien contada y con actuaciones realmente brillantes haya quedado tan injustamente relegada en el circuito de premios de este año, fue nominada a unos cuantos Independent Spirit Awards (de los que lamentablemente se fue con las manos vacías), a un Golden Globe y a un Oscar dentro de la categoría de Mejor Guión Original.
Más allá de los premios, Anderson vuelve a demostrar que tiene todo un reino para desplegar ante nuestros ojos. Su reino bajo la luna.

martes, 19 de febrero de 2013

Por siempre, Marilyn

"Mi semana con Marilyn"
de Simon Curtis
con Michelle Williams, Eddie Redmayne, Kenneth Branagh, Emma Watson, Judy Dench, Julia Ormond y Derek Jacobi

Premios: Oscars: Nominada a mejor actriz (Michelle Williams) y mejor actor secundario (Branagh), Globos de Oro: Mejor actriz comedia o musical (Williams) total 3 nominaciones, Independent Spirit Awards: Mejor actriz (Michelle Williams), Premios BAFTA: 6 nominaciones, incluyendo Mejor película británica, Critics Choice Awards: 4 nominaciones, incluyendo mejor actriz (Michelle Williams) y Screen Actors Guild: Nominados Mejor Actriz (Williams), Actor de Reparto (Branagh)



Corre el año 1956. Una jóven actriz con una carrera tan incipiente como rutilante, llega a Inglaterra nada más y nada menos que para hacer pareja con Sir Laurence Olivier en la filmación de una comediala recordada "El príncipe y la corista".
Y esa jóven es nada más y nada menos que Marilyn Monroe.

Tras estas dos figuras interesantes y reconocidas de la industria del cine, se esconde sin embargo el que quizás sea el principal atractivo del film, que es el punto de vista del narrador de la historia.
Lo que se convierte casi en el diario de filmación de esa película, el encuentro de esas dos grandes estrellas del cine de la época, rodeados de un entorno lleno de agentes de prensa, periodistas, asistentes y figuras del mundo del séptimo arte (tanto actores, como técnicos, coach de entrenamiento actoral, etc) no está visto ni desde desde los ojos de Marilyn ni desde los de Olivier.

Hay un testigo de ese encuentro, de esas duras jornadas de filmación.
Hay un testigo que vivencia y registra cada una de las situaciones y que se irá infiltrando silenciosamente y acompañado a Marilyn en sus momentos de fragilidad, en sus inseguridades, en el que ella buscará refugio... y es justamente Colin Clark -en cuyas dos  novelas "My week with Marilyn" "The prince, the showgirl and me" se ha basado este film- el principal narrador del film.

De esta forma, desde la mirada "omnipresente" de Clark, podemos encontrarnos con estos dos egos en acción.
Por un lado un Olivier casi obligado a trabajar con una actriz a la que no admira, a la que considera en cierto modo incompetente o falta de talento para trabajar a su lado, pero por la que al mismo tiempo siente una profunda atracción y que no puede dejar de reconocer su increíble magnetismo cada vez que aparece. En el fondo sabe, que ella tiene absolutamente todos los ingredientes para poder llegar muy lejos en el mundo del cine.

Y del otro lado, apabullada por la presencia de una figura como la de Olivier, con un dejo de total intransigencia, con un perfil sumamente exigente en su metodología en el set de filmación y sin ninguna empatía en su vínculo con ella, toda la seducción y el carisma natural de Marilyn se pone en jaque, se debilita, entra en conflicto.

Entre ellos aparece ese asistente que irá entrando en la vida de Marilyn en forma muy sigilosa, imperceptiblemente. Un Clark que se siente atraído por la imagen de esa exuberante sensualidad que destila Marilyn y a la vez inmensamente halagado por ser su confidente, su compañero de aventuras durante esas jornadas de filmación y con el que ella comparte ciertos momentos de intimidad.
Aún cuando su noviazgo con una asistente de vestuario del film comienza a resquebrajarse, el magnetismo y la atracción de Marilyn es más fuerte y Colin se dedicará a vivir esos días con toda la intensidad.

El director Simon Curtis -de una extensísima trayectoria en producciones para la televisión inglesa y sobre todo en adaptaciones de época- se destaca en el retrato minucioso de cada uno de sus personajes. Aprovecha al extremo el excelente equipo de actores con el que recrea la historia y cuenta además con un excelente equipo en todos los rubros técnicos, principialmente en cuanto al vestuario y a la fotografía.

No solamente la historia está contada en una forma interesante y mostrando los pliegues de cada uno de sus protagonistas sino que además de los dos actores principales hay un trabajo brillante del equipo secundario con las intervenciones de Judy Dench, Derek Jacobi Julia Ormond (como Vivien Leigh, otra grande la era dorada de Hollywood) y  Emma Watson (se acuerdan de la amiga de Harrry Potter?).
Pero cabe destacar un trabajo perfecto de Zöe Wanamaker en el papel de Paula Strasberg, la coach actoral en la que Marilyn se apoya para tratar de sacar adealante el rodaje de las escenas en donde la sóla presencia de Olivier la deja casi paralizada.

Kenneth Branagh (nominado al Oscar como mejor actor de reparto por esta actuación) dota de todo su señorío británico a un Laurence Olivier exigente, tenso, impaciente por cumplir los planes de filmación, crispado por la aparente "poco profesionalidad" de su co-equiper y a la vez seducido por la rotunda belleza en cada vez que aparece, haciendo que aún la misma Leigh deje su quietud y desate sus celos.

Pero ninguno de los logros de "Mi semana con Marilyn" serían tales si no contaran con Michelle Williams en el papel central.

Su Marilyn está llena de contradicciones, su fragilidad a flor de piel, sus problemas con Miller, su inseguridad a la hora de pararse en el set, sus ganas de salirse de la pose de rubia hueca de una vez por todas, su necesidad de sentirse querida por todos y a cada momento, su necesidad de encontrar abrigo en el joven Clark (otra ajustada actuación dentro del equipo de Eddie Redmayne).
Y Williams aprovecha cada uno de esos momentos en escena para volver a mostrar que es una de las actrices más completas dentro de su generación.
Quien la haya visto en "Blue Valentine", "Incendiary" o en las más independientes aún "Wendy and Lucy" o "Mamooth" sabrá de su posibilidad de ir mutando, cambiando de máscara para cada uno de los desafíos que acepta.

Y sin dudas su Marilyn es consagratoria -y de no ser por la aplanadora de Meryl Streep en "La dama de Hierro" hubiese sido una candidata más firme a llevarse el Oscar de este año-.
No sólo desborda belleza y encanto (como en el cuadro musical que se muestra en medio del set de filmación que deja atónito hasta al propio Olivier) sino que crece y se agiganta cuando logra darle profundidad en aquellos momentos en los que se sumerge en su faceta más vulnerable, donde se corre el maquillaje, se apagan las luces del set y aparece la persona, dejando al personaje, y reflotan todas sus oscuridades.

Y Curtis como director aprovecha a cada uno de estos intérpretes para contar una historia que atrapa desde el detrás de escena, de poder espiar un fragmento de la historia del mundo del cine, conociendo algo más de dos grandes como Marilyn y Olivier en su lucha de egos y talentos, en sus vidas privadas y en sus vulnerabilidades.




domingo, 20 de enero de 2013

Somos muchos más que dos

"Dos más dos"
de Diego Kaplan
con Adrian Suar, Julieta Diaz, Carla Peterson, Juan Minujin y la participación de Alfredo Casero

Innegablemente, no por algo fue la película argentina que más espectadores convocó durante el año 2012 y ya desde la gráfica, los avances cinematográficos y la campaña publicitaria en televisión, "Dos más dos" se ha presentado como un producto sumamente atractivo.
Primeramente porque aborda un tema que todavía se sigue considerando como un tabú que es el mundo de  los "swingers", un universo que genera curiosidad  y despierta algunas fantasías. Si además se lo combina con que estas parejas se encuentran unidas por una amistad desde largo tiempo, pareciera que la fantasía es aún mayor.
Si a todo esto se le agrega que el cuarteto que protagoniza esta historia es un elenco de figuras que han sido probadas en todos los terrenos (cine, teatro, televisión -quizás Juan Minujín sea el más desconocido del cuarteto para el público masivo-) y con un fuerte atractivo personal y profesional cada una de ellas, la receta del éxito está prácticamente asegurada.
Sólo bastará acertar con el guión y con el director.
En cuanto al guión todo está planteado en forma clara y simple y el director Diego Kaplan, explota todos los resortes y mecanismos argumentales básicos sin complicar demasiado la propuesta inicial: entre dos parejas de amigos con estructuras familiares bastante diferentes, comienzar a circular el tema sexual y la idea de tener entre ellos una experiencia swinger.

Por un lado, el matrimonio que componen Adrián Suar y Julieta Diaz, con ganas de nuevas experiencias, de algo que reavive el terreno sexual dentro de la pareja que se encuentra algo dormido -algo que parece preocuparle más a ella que a él- Tiene una estructura familiar sólida con  muchos años de pareja a lo que se les suma un hijo atravesando la adolescencia.
Por el otro, la pareja que conforman Carla Peterson y Juan Minujín, es una pareja más libre, con códigos diferentes a los de sus amigos y que se permiten experimentar todo tipo de sensaciones. Una pareja más abierta, situación que quizás se vea favorecida, porque al no tener hijos, siguen siendo como "novios" aún después de mucho años de casados.

Ellos plantean este intercambio de parejas -en realidad la que más insiste y arranca con la propuesta es Betina, el personaje de Carla Peterson- desde un lugar mucho más liberado, desprejuiciado, casi superado, mientras que Suar y Diaz, por otro lado se desequilibran ante la sóla idea de llevar a cabo esa fantasía.
Mientras ella muere de curiosidad y de necesidad de encontrar en esa experiencia un poco de "pimienta" para la pareja, él se encuentra aferrado a todos sus prejuicios, preconceptos, mandatos y prácticamente no quiere hablar del tema.


Diego Kaplan (que arrancó en el cine en 1997 con la super independiente "Sabés Nadar?" y que luego con "Igualita a mi" logró armar un producto comercial de probada eficacia sin restarle calidad a la propuesta) se anima ahora a tratar este tema en un tono básicamente de comedia con algunos toques más arriesgados.
Lo más interesante del guión, es que una vez superado el paso de comedia inicial con la aparición de la propuesta de intercambio, irá mostrando el tránsito de cada una de las personalidades: las posturas que parecen tan claras en un inicio, una vez que la idea del intercambio se eche a rodar y finalmente se haga realidad, irán cambiando ante cada una de las situaciones y los encuentros.

Kaplan acierta en mostrar la dualidad y los constantes cambios por los que atraviesan los personajes, dejándolos sencillamente fluir con todas las contradicciones y poniéndolos a jugar en un escenario que no los sentencia ni los juzga, sino que los enfrenta a sus propias decisiones, algunas en la cuales ya no se puede volver atrás.
La excusa de esta propuesta swinger sirve de disparador para hablar sobre la lealtad y la fidelidad, las fantasías sexuales y el rol de los deseos en la pareja, la comunicación, el ser escuchado y comprendido y, en un nivel más global, sobre las idas y vueltas en las relaciones humanas.

Cada uno en su personaje, logra dar en la tecla y construir casi cuatro prototipos que se conjugan en pantalla. Adrián Suar vuelve con una criatura que está escrita a su medida, con sus tics, sus manías y todos los guiños que le sientan bien. Julieta Diaz en su ambivalencia de amar a su marido y querer experimentar algo nuevo es quizás la más "tironeada" del grupo, la que tiene se presenta con un mayor compromiso dramático y justamente Diaz tiene la posibilidad de generar tonos de comedia y de drama con mucha soltura y moverse de un lugar a otro con plasticidad.
Quizás un poco más relegada por el guión, la pareja de Carla Peterson y Juan Minujín, tienen de todas formas su momento de lucimiento. Peterson vuelve a desplegar su belleza en pantalla componiendo a una mujer sin tantas ataduras  como su amiga y Minujín encuentra el tono exacto para ese Richard aventurero y desprejuiciado.  

Y si bien en este juego de intercambio se han fijado reglas claras, las reglas parecen haber sido hechas para romperlas... cuando todo parece lograr un equilibrio, algo se complica -como suele pasar en las relaciones humanas- y ahí los personajes quedarán enfrentados a tomar decisiones más drásticas.

Kaplan elige que lo que se habla sea mucho más osado que lo que se ve. La cámara aún en las escenas donde supuestamente puede despertarse un ojo más transgresor, elige guardar pudorosamente cierta distancia y conserva cuidadosamente su límite para no nunca pasarse de la raya.
"Dos más dos" queda entonces construida desde un planteo innovador, atractivo para el espectador, pero elige cautelosamente no avanzar tanto como para incomodar y cerrar la historia de forma tal que todo siga guardando un status quo convencional. Aún con esta falta de riesgo y extrema prudencia, es una comedia que tiene momentos en que invita a la reflexión sin dejar de entretener e poniendo la lupa en las relaciones de pareja.



miércoles, 16 de enero de 2013

Plan B

"Todos tenemos un plan"
de Ana Piterbarg 
con Viggo Mortensen, Soledad Villamil, Daniel Fanego, Sofía Gala Castiglione, Francisco Javier Godino y elenco


De por sí, la atmósfera que despiertan dos hermanos gemelos dentro del mundo del cine y la literatura, esa fantasía de sustitución de una vida por otra, es indudablemente muy interesante.
Y cada uno de los directores, de los guionistas, de los escritores,  le imprime a esta situación especial, un universo particular para describir este lazo especial e inexplicable que aparece cuando, excepto por algunas pequeñas "marcas", dos personas con vidas completamente diferentes, parecen, a simple vista, ser la misma persona.

Jeremy Irons fue en "Pacto de Amor" quizás la pareja de gemelos más enferma de la historia del cine, en "El ladrón de orquídeas" esta situación es utilizada como disparador de situaciones de comedia y por ejemplo en "Pacto de silencio" con Elodie Bouchez y Gérard Depardieu es la clave en la que descansa el mayor interés del thriller. 


Algo similar sucede con la película de Piterbarg, porque justamente el aroma a thriller que se respira en  "Todos tenemos un plan" es la actuación de Viggo Mortensen en este doble papel de Agustin -un médico no del todo conforme con su vida en Buenos Aires- y Pedro -que vive en el Tigre y es apicultor- y la intriga alrededor de estos dos hermanos gemelos.
Sus caminos se cruzan en el momento en que Pedro, quien atraviesa una enfermedad grave y muy avanzada, decide visitar a Agustín. Allí aparecerá esa idea de sustitución de una vida por otra, situación que particularmente atrae a Agustín porque no solamente no se siente satisfecho a nivel de su desarrollo profesional sino que se acerca el momento de los últimos pasos del trámite de adopción con el que tampoco parece estar del todo conforme. Será el plan ideal para escapar de su vida plagada de frustraciones y de tener que enfrentar algunas decisiones comprometidas.

Ana Piterbarg, quien debuta en el largometraje luego de haber sido asistente de Fernando Spiner y Martín Rejtman, plantea sólidamente la historia  y acierta en la forma de presentarla, mostrando dos mundos tan discímiles entre sí, apuntando a dos estéticas completamente diferentes.
El mundo de Agustin se desarrolla en una Buenos Aires acomodada (se distingue claramente que las tomas fueron en los barrios de Recoleta y Barrio Norte) mientras que Pedro vive en el Delta del Tigre, más rodeado de naturaleza, pero también de sordidez e instalado en un submundo criminal completamente opuesto a la vida de su hermano.

Pasadas las escenas iniciales de presentación de estos dos universos contrapuestos, Piterbarg parece perder el rumbo y no poder manejar el "tempo" necesario para que realmente el thriller sea un thriller.
Y evidentemente, uno de los mayores desaciertos de la película es que tiene un ritmo completamente desajustado, falto de nervio, narrado con una lentitud que no permite que el suspenso se instale en el espectador.

La morosidad casi explícita que tienen algunas escenas, los silencios de los personajes y los planos largos que elige la directora, juegan en contra y desfavorecen el ritmo que la trama necesita para que no pierda la fuerza con la que había sido presentada inicialmente.

Si bien "Todos tenemos un plan" cuenta con un elenco sólido y de vasta trayectoria en el terreno cinematográfico,  Soledad Villamil en el papel de la esposa de Agustín, tiene apenas algunas pequeñas intervenciones por lo que está notablemente desaprovechada. Incluso, en algunas escenas, la química con Mortensen no logra el resultado esperado y cada uno parece estar actuando en un registro diferente sin poder compatibilizar entre sí.

Viggo Mortensen está muy correcto en ambos papeles y trabaja algunos detalles que (nos) permiten distinguir un hermano del otro y logra, sobre todo en su mirada y con algunos gestos muy sutiles, convencer de su doble rol (o triple según como se lo mire, porque debe ser Agustín, Pedro y uno de ellos sustituyendo la vida del otro).

Los roles secundarios de Sofía Gala Castiglione, quien aporta un rostro cinematográficamente privilegiado e ideal para este papel y Javier Godino (a quien conocemos de "El secreto de sus ojos") son ajustados y cumplen con su función dentro de la trama.
Pero es Daniel Fanego quien realmente se roba la película.
Cada vez que hace su aparición en pantalla transmite la oscuridad que su personaje necesita y tiene una presencia perturbadora en las escenas en las que participa, siendo el que más convence en su rol, determinante también para el desarrollo de la historia y sobresaliendo ampliamente del resto del elenco.

Siendo que el guión con el que cuenta la película, de la misma Ana Piterbarg en colaboración con Ana Cohan, fue ganador del premio otorgado por la Sociedad General de Autores Española (SGAE), uno como espectador queda con ganas de una historia más fuerte y con alguna sorpresa. En este caso, lamentablemente, la historia va decayendo, perdiendo fuerza después de un buen arranque y no logra encontrar el camino indicado ni el nervio que una buena historia de suspenso necesita para ser disfrutada.


Aún a mitad de camino, "Todos tenemos un plan" es un producto técnicamente logrado, con actuaciones correctas que puede interesar más a aquellos espectadores que no busquen solamente un thriller en pantalla... o a los fans de Viggo Mortensen, por supuesto.

jueves, 20 de diciembre de 2012

Tocala de nuevo, Elvis

"El ultimo Elvis"
de Armando Bo
con John McInerny, Griselda Siciliani y  Margarita López






A poco de correr "El último Elvis" ya estamos sorprendidos.
Hay varios factores que se conjugan para que uno sienta que está disfrutando de un producto cinematográfico muy sólido, pero fundamentalmente lo que asombra es la contundencia y la claridad con las que el director Armando Bo, en éste, su primer film, despliega las imágenes.
Bastan unos pocos minutos para que uno sienta que es una Opera Prima en la que el director hilvana minuciosamente las diferentes escenas y que le encuentra a cada una de ellas un sentido directo para ir llevando al espectador al clima en el que quiere internarnos: ese ritmo de blues y melancolía pocas veces visto en el cine nacional.
 
Sin caer en los golpes bajos ni en los grandes discursos, Armando Bo -autor también del guión conjuntamente con Nicolás Giacobone- nos cuenta la historia de Carlos Gutiérrez, alguien que niega rotundamente su identidad y atraviesa su vida como si fuese Elvis.

Poco importan las horas que pasa como obrero de una fábrica, poco importa que su ex lo baje en todo momento a la realidad y que su vida personal se acerque cada vez más al vacío. El sigue siendo Elvis, pero justamente como señala el título es el último Elvis, ese del final: excedido de peso, sudoroso, malhumorado, quebrado por todos los costados.
Y Carlos hace rato dejó de ser Carlos, si es que alguna vez haya logrado serlo.
Carlos ES Elvis.

Y todo lo que hace en cada movimiento cotidiano de su vida -que se refleja en esas imágenes que lo transmiten todo con sólo ver su intimidad-, será en función de eso: dejó hace un buen rato de vivir su vida para comenzar a vivir la vida de un otro.
Como dice en algún fragmento del film "Dios quiso que tuviera su voz y yo no hice más que aceptarlo". Atravesando ésto como una especie de designio divino, como imbuido en un cierto misticismo de su referente, en un forma particular de Vía Crucis personal, Carlos irá recorriendo cada una de las estaciones de la vida de Elvis, tal como él las ha recorrido.
Come lo mismo, tiene una hija que también se llama Lisa Marie, parece anclado en los sesenta en su ropa, en su manera de andar, en su auto, no hay para el ningún programa de televisión más que ver sus recitales, sus entrevistas, sus películas, escuchar permanentemente y tararear sus canciones.  
Su admiración, su potencial para imitarlo se transforma en una especie de obsesión ciega que no se detiene por ningún otro suceso de su vida.


Aún cuando un accidente grave en su vida personal intenta cambiar el giro y su modo de vincularse con su hija y su ex mujer, nada hace que Carlos detenga su marcha y cada vez encuentre en la figura de Elvis y en cada detalle de la vida de Elvis uan especie de paradigma, único motivo para el cual seguir viviendo.

La película tiene muchos puntos meritorios. Como ya fuese dicho una dirección con un pulso seguro y que sabe lo que quiere contar. Por otro lado, un guión que corre en el mismo sentido, evitando obviedades, mostrando cada uno de los detalles y las particularidades para poder pintar con diferentes pinceladas muy pequeñas, todo el mundo de Carlos, el mundo de su Elvis.
La sinceridad de los diálogos, la honestidad de las situaciones, la franqueza y la seguridad con la que se abordan los diferentes temas que lateralmente examina el guión, son sin duda el mérito de una cuidada forma de narrar que han elegido los autores,  que se plasma además con un elenco ideal para contar esta historia.

John Mc lnerny es Carlos, pero fundamentalmente crece, se agiganta y respira cuando es Elvis.
Su actuación es impecable, y logra hacernos sentir la crisis de no poder escapar al designio de vivir otra vida que no es exactamente la suya. La imposibilidad de echar raíces en sus afectos y la necesidad de refugiarse en otro para vibrar con deseo y con pasión.
Carlos/Elvis vive de acuerdo a su pulsión, a su irrefrenable pasión y aunque en ciertos momentos sus decisiones bordeen el delirio y el desconcierto, no hacen más que mostrar claramente que nuestro protagonista aparece atrapado en ese otro que quiere ser y que le resulta sumamente difícil encontrar una salida.

Con muy pocas escenas pero con un personaje que resulta atractivo cada vez que aparece en pantalla, Griselda Siciliani compone a una Priscilla/Alejandra que hace lo que puede para seguir adelante con su hija (muy tierna composición de Margarita López, que va creciendo a lo largo del filme) a pesar de tener que lidiar con ese Elvis que ella misma lo marca como un gran error en su vida.

Intensa, llena de sutilezas y con una apoyatura técnica de primer nivel (excelente fotografía y una banda de sonido impecable llena de los grandes éxitos de El Rey -la versión de "Melodía desencadenada" en el Bingo realmente quedará como un icono del nuevo cine argentino, seguramente-) "El ültimo Elvis" ha sido película de apertura en el ultimo Festival de Cine Independiente de Buenos Aires, ha sido selección oficial en el Festival de Sundance y seguramente tiene una larga carrera por delante.

viernes, 30 de noviembre de 2012

La otra cara de una adicción

"SHAME - Sin reservas"
de Steve McQueen
con  Michael Fassbender, Carey Mulligan, James Badge Dale y Nicole Beharie

"Shame - sin reservas" viene precedida de una polvareda importante.
Pero es realmente lamentable que todo el murmullo previo sea por esa mirada tan "pacata" que tuvo principalmente en el público americano que hace que un desnudo masculino haya generado tanto exabrupto. Parece mentira que en los tiempos que corren, un desnudo frontal y un par de escenas "jugadas" hayan hecho que, incluso, una cadena de cines en nuestro país, haya preferido no exhibirla. Suena retrógrado, no?
 
Lamentablemente, si bien la propuesta es realmente arriesgada, clavar la mirada solamente en eso es porque no han visto mucho otro cine que SI es claramente mucho más explicito y haría que "Shame" termine pareciendo, incluso, un juego de niños (en el último BAFICI, sin ir más lejos filmes como "Q", "Clip", "Pets" "L'Apollonide" o mismo "Hamel" -que se la comparó como una versión femenina de "Shame"-  le explicarían a cualquier buen espectador lo que realmente son escenas explícitas y  osadas).
La propuesta no es arriesgada por lo que muestra sino por la profundidad con que aborda sin demasiados rodeos, un tema poco visitado en el cine y que logra tratarlo sin ningún tipo de discurso moralista.
 
Y justamente mucho del corrillo del Oscar, dice que la gran actuacion de Michael Fassbender quedó fuera de las nominaciones por haber sido un cine que no pudo exhibirse ampliamente en todos los circuitos.
Fassbender es Brandon Sullivan, un ejecutivo neoyorkino elegante, seductor, con un buen trabajo y una situación económica holgada.  
Pero su fachada se resquebraja cuando ya desde la primera escena, el director Steve Mc. Queen  nos permite entrever su compulsión por seducir, por abordar un encuentro sexual, por satisfacer sus impulsos. Lisa y llanamente Brandon es un adicto al sexo.
 
Obviamente que en ningún momento se habla de goce, de placer, de encuentro, de entrega. Al contrario, Brandon sufre el infierno personal que conlleva cualquier adicto.
 
Hay una pulsión, una fuerza inmanejable, un rayo que lo atraviesa y que lo lleva a buscar desesperadamente cualquier forma de descarga.
Y aún cuando hay señales (como sucede sobre todo en su ámbito laboral) de que esto lo está perjudicando y se está tornando incontrolable, Brando nada puede hacer más que dejarse llevar por esa fuerza, sin poder oponer demasiada resistencia...

Lo mismo puede darle no conocer prácticamente quien es su partenaire, masturbarse en cualquier rincón de la ciudad y en cualquier momento - incluido en sus horarios de trabajo-, a consumir pornografía via internet -su PC está tan infectada que su jefe le llama la atención cuando viene la gente de Sistemas a revisar la red-, establecer relaciones completamente ocasionales, contratar prostitutas o sentirse seducido a incorporarse a los juegos eróticos del cuarto oscuro de un club gay.

La interesante mirada de Steve Mc. Queen en éste, su segundo largometraje (el primero es "Hunger" no conocido en nuestro pais), hace que la historia no pase justamente por los lugares comunes ni por el interés de mostrar escenas subidas de tono (como mucha de aquellas en la que la prensa previa intenta detenerse) ni de bajar ningún tipo de discurso.
Mc. Queen se juega por mostrar mediante diferentes viñetas, situaciones, momentos pequeños de ese infierno personal de Brandon: la imposibilidad de conectarse con sus pasiones, con sus afectos, con su deseo interior. Su imposibildad de sentir.

Y si bien, hay como un "descenso a los infiernos" que se muestra en tantas películas relacionadas con el tema de las adicciones, el mundo de Brandon se resquebraja todavía más cuando aparece en escena, visitando su departamento neoyorkino, su hermana  Sissy (Carey Mulligan, de "An education- Enseñanza de vida", recientemente vista en  "Drive" y "Nunca me abandones").


Ya ingresados en la profundidad de la historia, Mc Queen retrata a esos dos hermanos que se atraen y se repelen casi con la misma intensidad. Dos almas que evidentemente necesitan refugiarse uno en el otro, pero no saben cómo.
Recortados de su historia familiar, poco sabemos de lo que haya pasado, pero nos queda claro que han atravesado momentos que los han lastimado, y mucho, y que hoy, adultos, todavía no pueden encontrar su lugar. Y que aún siendo ellos mismos, los que tienen la posibilidad de repararse el uno al otro y reconstruirse, no encuentran la forma posible de entenderse y de acompañarse.

Es increible que el mismo Fassbender que vimos algunas semanas atrás en "Un método peligroso" o el Magneto de "X-men" se meta en la piel de Brandon y logre componer con tanta fidelidad la fachada de seguridad y seducción que tiene su personaje en la faceta exterior -su mirada pública-, como internarse en las zonas más oscuras a las que el director accede con sólo mostrar algunos de sus actos privados. Sin poner una mirada censora o de prejuicio respecto de lo que el protagonista hace, sencillamente los retrata, y en eso radica su fuerza y su espontaneidad.

Es éste indudablemente el elemento fundamental de "Shame" : el hecho de que Mc Queen deje correr a sus criaturas sin sentenciarlas, sin someterlas a ningún juicio de valor, permitiéndoles ser, con todas sus contradicciones y con todas sus imposibilidades.


Fassbender y Mulligan se bridan completamente a ponerse la piel de sus personajes en dos composiciones avasallantes (además Mulligan tiene una escena donde hace un cover de "New York, New York" completamente antológico), llenas de matices y con una entrega absoluta.

Para ese momento, va a ser difícil no haber caido en la hipnótica cámara con la que Mc. Queen nos presenta la historia, habernos dejado llevar por un derrotero personal tan íntimo, y sufrir junto con los personajes. Y ahi es donde "Shame" crece y se agiganta, mucho más que en un simple desnudo o un encuentro sexual.