viernes, 23 de julio de 2010

Amores que matan

"Mi Hijo" ("Mon fils à moi")
de Martial Fougueron
con Nathalie Baye, Victor Sévaux, Olivier Gourmet y Marie Kremer.

Tal como sucede con "Partir" un estreno de esta semana en cine, y también perteneciente a la producción filmográfica francesa (Ver crítica completa), la historia de "Mi hijo" abre con una secuencia que es en realidad el final de la historia que  el director nos quiere contar.
Por lo tanto, toda la película será como un extenso flashback, con el que los espectadores tendremos los elementos necesarios para saber cómo estos personajes llegaron hasta ese desenlace.

En este caso, la opera prima de Martial Fougueron nos muestra el devenir de una familia de clase media en una pequeña ciudad de provincia, donde ya desde las primeras escenas se sburaya la disfuncionalidad con la que se manejan tanto el padre (profesor universitario al que parece no interesarle tanto su familia como su trabajo)  como en la figura de la madre, una ama de casa al cuidado de sus hijos: una hija mayor que ya va a la universidad y un hijo menor que se encuentra en pleno inicio de la adolescencia.

Ante la falta de un vínculo sólido con su marido -que aparece como una figura completamente desdibujada tanto en su rol de pareja como de padre- y con su hija a quien, en apariencia, parece no importarle demasiado su relación con ella, toda la energía de esa madre (interpretada magistralmente por Nathalie Baye - la actriz de "La Belleza de Venus", "La flor del mal " de Chabrol, o "La Clienta") está puesta al servicio de su hijo menor. Una madre completamente controladora, que necesita saber a ciencia cierta cada paso de su hijo, cada movimiento y que no puede aceptar que ella haya dejado de ser el centro de su vida.

La brutalidad con que esa madre no se da por vencida y va tejiendo un ámbito asfixiante, hace que su hijo sienta más una necesidad de escape, que de acercamiento, lo que retroalimenta esta necesidad de persecución y control. Pero aún así, cuando ella vea que la vida de su hijo se le va escapando de la manos, en un proceso normal de crecimiento de cualquier adolescente, comienza a maltratarlo y a violentarse físicamente con él, y es ahí cuando el film logra sus escenas más fuertes y una tensión creciente e inquitante.

Si bien justamente la película habla del enfermizo vínculo que la madre entabla con su hijo, y la necesidad del hijo de escapar de las garras de esa madre, la austeridad con que se maneja el guión, no permite que la historia se transmita con la fuerza que contiene una situación de esa naturaleza.
Quizás Fougueron haya sido extremadamente medido en la manera de contar la historia, con movimientos demasiado calculados para no exacerbar el dramatismo, ni regodearse en la violencia. La pintura en la inacción de ese padre que sólo logra tener algún destello aislado cuando la violencia de esa madre ya es imparable (una interesante actuación de Olivier Gourmet como ese padre que duda de cumplir su rol dentro de la familia, que escapa a imponer la ley paterna) habla de la limitación en los riesgos que quiso tomar el director. Todo está expuesto, pero es uno quien tiene que tomar partido por los personajes que se muestran ascéticamente retratados.
Otro punto alto es la excelente actuación de Victor Sévaux como el hijo, quien junto con Baye soportan casi solos el peso de toda la película.

Ganadora de la Concha de Oro en el festival de San Sebastián 2006 como Mejor Película y también a Nathalie Baye como Mejor Actriz, "Mi hijo ("Mon fils à moi")" logra interesar más por las excelentes actuaciones que por la historia en sí misma, al que el director de esta ópera prima pareciera no haberse animado a contar en toda su violenta intensidad.